socialistas transgénicos 30 diciembre 2010
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…yo siempre me he preguntado qué gen se les habría roto…
De los cables aireados por Wikileaks, el siguiente extracto publicado en El País:
El informe cuenta cómo el 22 de abril de 2009, tras la votación en el País Vasco y el veto alemán, Puxeu “contactó con el encargado de negocios de la embajada” para “expresar su preocupación por la creciente presión sobre el Gobierno de España para prohibir el MON810″, una variedad de Monsanto. Puxeu, al que la embajada define como un “tradicional defensor de la biotecnológica”, confesó a los diplomáticos estadounidenses: “Ha sido la peor semana de mi vida”. Además, “pidió al Gobierno de EE UU que mantenga la presión sobre Bruselas para mantener la agricultura biotecnológica como una opción para los Estados miembros y pidió al Gobierno de EE UU que trabaje con España en esta iniciativa”, siempre según ese cable.
Aparte del debate sobre si transgénicos sí, transgénicos no, lo que sí debería uno plantearse es sí o no a las prácticas comerciales de grandes multinacionales como Monsanto. Creo que es demasiado el riesgo que se corre poniéndose en manos de, prácticamente, un monopolio, bajo la promesa de mejores cosechas. Es como venderle el alma al diablo a cambio de la inmortalidad, es decir, es no haber pensado si merece la pena una vida eterna sin contar ya con el alma.
idiotas 11 agosto 2010
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Ya no se oye en las noticias, pero yo no me lo puedo quitar de la cabeza. Parece que no somos capaces de quitarnos el yugo cultural que nos convence de que este mundo es un valle de lágrimas del que exclusivamente nos liberará la muerte y en cuyo pasaje solo podremos contar con el eventual alivio de la magnanimidad del que gozando de mejor vida que la nuestra, acceda a aliviar nuestro sufrimento.
¿Somos idiotas o qué?
Ya no se habla de ello, así que recordémoslo. Recientemente un puñado de personas que son propietarios de bienes y dinero en una cantidad tal que sería suficiente para cubrir el presupuesto anual de un par de países pequeños y con muchas carencias y deficiencias, es decir, equivalentemente, proveer de trabajo y medios a millones de personas, han decidido donar la mitad de esos bienes y activos para fundaciones, asociaciones caritativas y proyectos sin ánimo de lucro. Sobre la naturaleza de los mismos no se precisa más detalle.
Pasemos a lo semántico. La prensa ha recurrido en gran medida al término “filantropía” para denotar la iniciativa de este grupo de personas, convirtiendo a estos también denominado “super-ricos” en “filántropos”. Como muestra, el artículo publicado por El País.
Buffett y Gates son desde hace años firmes defensores de devolver a la sociedad gran parte de la fortuna que han amasado con sus negocios. Y rechazan de plano, y públicamente, que sus herederos sean los principales beneficiarios de sus fortunas. De hecho, Buffett se comprometió en 2006 a destinar el 99% de su riqueza a alimentar, entre otras, la misión benefactora de la fundación de Gates.
Cuánta generosidad. Qué almas caritativas. Qué buenos chicos.
¿Y por qué nadie se plantea cómo es posible que dé esa obscenidad que es que un par de personas pueda amasar una fortuna con la que podrían salir adelante millones de seres humanos?
Porque ahí está la clave. Si ustedes quieren beneficiar a la sociedad cambien el sistema. (Y ojo, tomen ustedes nota de que digo “cambien el sistema” y no “cambien de sistema”, por si acaso a alguien se le ocurre ver aquí una arenga de tintes políticos). Cambien ese sistema que tiene una dinámica tal que hace que los réditos del proceso de creación de valor añadido se acumulen solo en puntos muy concretos del sistema. Cambien el sistema que hace que precisamente existan eslabones en esa cadena a las que se asigna un crecimiento arbitrario de valor y por ende desligado de la realidad. Cambien ese sistema en que el dinero, después de dar la vuelta a todo él, retorna incrementado a las mismas manos. Van ustedes a dar su dinero para proyectos sin ánimo de lucro, investigación médica. Disculpen ustedes, pero ya tiene uno la tendencia de sospechar que esos proyectos se desarrollarán en laboratorios de primera línea con tecnología punta fabricada por… Siemens, General Electric… que los ordenadores que comprarán tendrán sistema operativo… Windows, … que las fundaciones que reciban el dinero lo depositarán en un banco, y el banco cobrará por ello, y que si las fundaciones usan ese dinero como respaldo para conseguir un crédito… pues etcétera, etcétera…
Señores. Cambien ustedes el sistema. Cambien ustedes de actitud. ¿Cómo compatibilizar las ansias aparentemente filantrópicas de Bill Gates con las prácticas monopolistas de Windows? Nos están despreciando. Nos roban la dignidad, obligándonos a trabajar no por lo que vale nuestro trabajo sino lo que ellos nos quieren pagar por él y nos hacen dependientes del arbitrio de su bondad.
Y esa es la segunda parte. La arbitrariedad. ¿Son los proyectos que van a financiar adecuados, tienen un fin social, cuál va a ser su efectividad? ¿Son las fundaciones a las que van a donar su dinero fiables, transparentes? Puede que sí, puede que no, con toda sinceridad digo que no lo pongo en duda. Pero la clave es que los únicos que van a poder decidir sobre estos aspectos y comprobarlos va a seguir siendo ese puñado de personas.
¿Filantropía? Yo la entiendo de otra manera. De esta variante me parece sospechoso por un lado el origen de lo que se va a repartir y, por otro, creo que es legítimo dudar si lo repartido se quedará allí donde es necesario o si no terminará en las mismas manos de las que salieron.
Supongo que si alguien ha llegado hasta este punto del blog pensará que no es más que la rabieta de un muerto de hambre que en realidad sueña con tener dinero a espuertas. Menos mal que hay alguien (y no es precisamente un muerto de hambre) que, si bien no formula las mismas dudas y las mismas objecciones, sí que al menos aplica el sentido común y el razonamiento en su respuesta [1]. Cosa que por cierto no se apreció en los políticos alemanes de los partidos verde y socialdemócrata, que en coro aplaudieron la iniciativa de estos señores indecentemente ricos y animaron a los ricos locales a tomar ejemplo [2][3]. Maldito ejemplo. Es tanto como animar a los ciudadanos a resignarse a su suerte y encomendarse al arbitrio de aquellos que más tienen, sin plantearse por qué es así. Sin preguntarse por qué esta vida tiene que ser un valle de lágrimas. Calla, trabaja y reza.
[1] Transcripción al castellano de algunos extractos en los comentarios de este post.
[2]“Los políticos piden a los ricos que donen su dinero”. Artículo aparecido en la revista alemana “Der Spiegel”, 06/08/2010.
[3] Algunas citas de artículos al respecto en la prensa alemana.
la maldita ignorancia 22 julio 2010
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De un artículo aparecido hoy en El País:
Estaban cubiertos por una fina capa de tierra, a apenas 40 centímetros de profundidad, lo que indica que quienes los enterraron en su día, debieron dejarlos casi al descubierto. “Hay dos esqueletos incompletos y testimonios que dicen que hubo perros comiendo los huesos. En el laboratorio comprobaremos si tienen mordidas”, explica Pregeiro. La familia de una de las víctimas que está exhumando en esta fosa la ha acogido en su casa estos días. Así es como le han llegado algunos de los comentarios que ha suscitado en el pueblo la apertura de la fosa. “Hay gente que dice que los huesos que hemos encontrado los hemos puesto nosotros y que les van a subir los impuestos por culpa de la exhumación. Me ha impresionado mucho”, asegura esta arqueóloga uruguaya, hija de un represaliado de la dictadura de su país.
Siempre me pregunto cómo poder explicar a alguien de fuera cómo nos ocupamos de nuestro pasado. O mejor, cómo conseguimos volverle la espalda y no ocuparnos de él. Pero me surge ahora otro planteamiento: como digerimos que algo que impresiona fuera se haya tenido por normal durante a@os en este país.
Y cuando digo fuera, no digo un particular, digo incomprensión unánime de cualquiera que lea lo que está pasando.
Aunque no es esto por lo que escribo. Lo que me pregunto es: ?quién ha plantado esa semilla de ofuscación y mezquindad en la gente sencilla?
teoría de sistemas 2 abril 2009
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…y no es guasa…
el efecto Bush 27 enero 2009
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El efecto Bush causa ceguera, cierta euforia colectiva y enajenación (ojalá que solo) pasajera de la capacidad de juicio y análisis de discursos políticos. La lista de síntomas puede seguir. La consecuencia, otro cheque en blanco. El final más posible de la historia, una decepción acompañada de descalabros prácticos de mayor envergadura.
La gente tenía tanta ganas de que se fuese este inútil que ahora es incapaz de escuchar y analizar lo que está diciendo su sustituto. O darse cuenta de que no está diciendo nada, y lo poco que dice contradice lo que decía que se proponía hacer. Yo sigo en mis trece. Y parece que no ando descaminado. Comentando el discurso de toma de posesión, Paul Krugman escribe:
Just to be clear, there wasn’t anything glaringly wrong with the address — although for those still hoping that Mr. Obama will lead the way to universal health care, it was disappointing that he spoke only of health care’s excessive cost, never once mentioning the plight of the uninsured and underinsured.
Un poquito más del artículo:
But my real problem with the speech, on matters economic, was its conventionality. In response to an unprecedented economic crisis — or, more accurately, a crisis whose only real precedent is the Great Depression — Mr. Obama did what people in Washington do when they want to sound serious: he spoke, more or less in the abstract, of the need to make hard choices and stand up to special interests.
That’s not enough. In fact, it’s not even right.
Thus, in his speech Mr. Obama attributed the economic crisis in part to “our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age” — but I have no idea what he meant. This is, first and foremost, a crisis brought on by a runaway financial industry. And if we failed to rein in that industry, it wasn’t because Americans “collectively” refused to make hard choices; the American public had no idea what was going on, and the people who did know what was going on mostly thought deregulation was a great idea.
Nos la vamos a dar con este hombre. A ver dónde acaba todo esto.
mejor sin palabras 10 noviembre 2008
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arcanos por diseño 9 octubre 2008
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Me ha preguntado por qué tenemos crisis financiera. Es universitaria. Acaba de llegar de Oriente Medio, de comprar de su bolsillo colchones para una familia de refugiados iraquíes a la que el casero le ha quitado todo el mobiliaro por no pagar el alquiler. Hemos hablado de cómo funciona el mercado financiero, y resulta que, a última hora, las ideas básicas no son tan difíciles de comprender: en todo el mundo alguien que carece da algo busca adquirirlo a cambio de algo que puede ofrecer. Y para poder ofrecerlo en un momento futuro, necesita que alguien le preste ahora. Lo que ya no es tan fácil de explicar es cómo los prestadores complican esta esencia para sacarle un rendimiento insano y ocultar su avaricia.
querer acordarse 14 septiembre 2008
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De una reflexión de Muñoz Molina en Babelia:
El resultado de esta sentimentalización y oficialización de la memoria es el olvido de aquello mismo que se pretendía recordar. Quien dice que sólo ahora se publican novelas o libros de historia que cuentan la verdad sobre la Guerra Civil y la dictadura debería decir más bien que él o ella no los ha leído, o que los desdeñó en su momento porque no estaban de moda, en aquellos atolondrados ochenta en los que la doctrina oficial del socialismo en el poder era la contraria: con lo modernos que ya éramos, qué falta hacía recordar cosas tristes y antiguas.
Con el reconocimiento de alguien que tuvo que salirse a Alemania no solo para poder acordarse, sino empezar a comprender. Porque es eso lo que falta sobre todo, la voluntad de querer comprender.
quinta esencia 17 agosto 2008
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Acostumbrados a los tongos de las ruedas de prensa de los miembros de la administración Bush, sólo inquietados por los ufanos periodistas de la BBC (quién te ha visto y quién te ve), uno tiende a pensar que los yankis han olvidado lo que es el periodismo de calidad. Para los que no estamos familiarizados con la cultura cotidiana en aquellos estados unidos, resulta entonces una sorpresa encontrar emisiones extraordinarias en la radio pública del país. El entusiasmo de mis amigos, neoyorkinos por derecho de nacimiento o por elección personal, me ha contagiado y la NPR se ha convertido en una de mis emisoras favoritas, especialmente los domingos por la mañana.
Y así, hoy, mientras me preparaba el desayuno, sonaba la edición del día de “On the media” en el programa berlinés. A medio despertar, una entrevista me llamó la atención: Seymour Hersh. Contaba cómo fue a buscar a su granja de Chicago a uno de los soldados que cometieron el crimen de My Lai. Le recibió su madre quien, al oír quién era y qué quería, dijo: “Les entregué a un buen chico y me han devuelto un asesino“. La entrevistadora le pregunta a continuación si hay paralelismo entre aquel evento y Abu Ghraib. Hersh responde que sí y no, pero pone el dedo en la llaga, es decir, en la quintaesencia de esos sucesos: el hecho de haber sido cometidos por soldados sometidos a una situación de estrés y frustración por no tener el control de su propio destino. Un cóctel de circunstancias y de valores y bajezas humanas que lleva a situaciones denigrantes, tanto para el que las sufre como para el que las comente. Situaciones que suceden simplemente porque quiene son personas puestas en situaciones extremas. Y sin embargo, determinados políticos siguen vendiendo la imagen de la guerra no solo justa (como si el ponerle el uniforme a un tío le hiciese automáticamente un héroe, le lavase de todo impulso infame y dejase los valores nobles) sino limpia (esa guerra de “ataques quirúrgicos”). Y sin embargo, mucha gente sigue creyendo que es posible. Que existe la guerra justa, con malos definidos y buenos que no se manchan. Que no quieren aceptar que la quintaesencia de la guerra, de cualquier guerra, es el caos en estado puro. El caos en el campo de batalla y en el corazón y las mentes de quienes se ven arrastrados a ellas. Y los políticos siguen tomando la decisión de desencadenarlas sin asumir la responsabilidad, sin querer aceptar que no importa en qué circunstancia, no importa qué justificación geopolítica busquen, son responsables de haber desencadenado el caos.
He terminado mi desayuno antes de hacerme un café que me he bebido mientras arrancaba el ordenador para escribir este post. Hoy es domingo, me quedaré en casa para trabajar.
platón y flash mobbing 27 julio 2008
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Para no andar inventando definiciones, me remito a la ínclita wikipedia: un “flash mob” es “una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse a través de los medios telemáticos (móviles e Internet) y en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reinvidicativos.” Mi versión favorita de este sarao instantáneo es la “discoteca silenciosa” (o “silent disco” en bárbaro): los “flashmoberos” llevan un teléfono móvil con el que se sintonizan a la música de un DJ y que escuchan con auriculares. Bailan, y para los que pasan por allí no son más que un grupo de locos en silencio bloqueando la vía pública mientras gesticulan de forma menos que más coordinada. Imaginaos la escena. ¿No es genial?
Lo que sucedió en Berlín el pasado jueves [1][2] a los pies de la Columna de la Victoria no cumple con casi ninguno de los parámetros que permitirían clasificarlo como flash mob: la multitud, que algunas fuentes cifraron en unas 200.000 personas, tardó más de tres horas en copar el lugar y el evento en sí duró unos treinta minutos. La persona que era el centro del evento es a estas alturas conocido en todo el mundo y todos sabían de qué iba el sarao, tanto los que estaban dentro del recinto de seguridad y participaban en él como los que estaban fuera de él. O tal vez no. Me pregunto si hubo alguien más que, como yo, tuviese la sensación de estár presenciando una ruidosa “silent disco”. ¿Qué demonios significaba todo aquello?
Barack Obama cabalga en la ola de la popularidad que la campaña electoral de los EE.UU. le ha regalado. Aparentemente da cuerpo a la aspiración de cambio que experimentan los ciudadadanos de los EE.UU. después de darse cuenta de que su “comandante en jefe” de los últimos años es un inútil nefasto que no se ha ocupado de las cosas que realmente les importan (…por expresarlo de una forma suave). Y parece que el resto del mundo, que ha tenido que sufrir los despropósitos de aquel rufián y su camarilla sin poder remediarlo, pues quienes lo eligen son los ciudadanos de los EE.UU., desea con igual o mayor vehemencia tal cambio. Y Obama parece dispuesto a capitalizar tal deseo.
Y Obama anuncia que quiere dar un discurso en Berlín.
¿Y eso? ¿A santo de qué? ¿A quién quiere hablar? ¿A los alemanes? ¿Y qué tiene que decirles? ¿Y en calidad de qué?
Me pregunto qué esperaban esas decenas de miles de personas que se reunieron allí para oirle.
Resulta que viene a decir que los Estados Unidos de Norteamérica no pueden afrontar solos todos los retos que se le plantean a ellos y al mundo hoy en día y que es necesario cooperar como iguales. Caballero, eso lo saben ya los berlineses. Si hay alguien que no necesita oirlo y que lo comprenden muy bien son todas esas personas que salieron a la calle en las manifestaciones por la guerra de Irak, Todas esas personas que se manifestaron y tuvieron que sufrir las malas maneras de los antidisturbios en la visita de Bush hace cinco años, toda esta gente que tiene un nivel de conciencia medioambiental y participación en la sociedad civil muy superior al de la media. Es ridículo que este señor arengue a los berlineses a hacer lo que ellos exigen desde hace años. Es una tomadura de pelo. ¿Eso es lo que tenía que contar en Berlín? Son los EE.UU. los que se tienen que aplicar el cuento, es Bush el que no se quiso adscribir al tratado de Kyoto porque iba en contra de los intereses de los EE.UU., es su país el que se ha metido en Irak dando a la espalda a las Naciones Unidad y a la comunidad internacional, amparando en su “coalición de voluntariosos”, … es su país el que debe darse cuenta de que no puede hacer las cosas solo como las ha venido haciendo hasta ahora.
Una frase. Una frase en todo el discurso, a menos de cinco minutos de su final, para decir que los EE.UU. no siempre han sabido obrar respetando la justicia ni obrar en acuerdo con otros países con los que en realidad comparte intereses y valores.
Muy bien, tal vez fuese esto algo que incluyó en su discurso pensando en que se lo debía a los berlineses, que debía una explicación por lo que ha pasado en los últimos años. Elegante y, teniendo en cuenta la boca pequeña que se les queda a los políticos de los EE.UU. especialemente en campaña electoral, valiente.
Pero, ¿de qué me sirve a mí que este señor, con todo mi respeto por él como persona y a sus evidentes dotes de orador y sin olvidar su carrera y sus capacidades, de qué me sirve que me venga a decir que he tenido razón durante todos estos años? ¿En nombre de quién habla? Si es en el propio, pues sinceramente, su opinión cuenta para mí tanto como la de mis amigos neoyorquinos de Berlín, con la diferencia de que con ellos puedo hablar, entender su opinión que comparto o no comparto, que puedo rebatir lo mismo que ellos rebaten la mía, con los que sé si entienden mi postura o no… Para mí el discurso de Obama es un ejercicio de soberbia infinita: se cree tan importante como para que todo el mundo escuche religiosamente lo que tiene que decir y, eligiendo un formato en el que el oyente no puede rebatir, asumir que todos van a estar de acuerdo con lo que él dice. Señor mío, estamos en Berlín, no en su parroquia.
Si hablase en nombre de su país yo tendría interés en saber de qué habla, pero, ¿quién es este hombre?, ¿qué pito tiene que tocar en los EE.UU.? ¿Quiere hablar conmigo, quiere darme la razón, y qué, qué va a cambiar eso? Bien, tal vez sea el presidente de los EE.UU. en un par de meses. Entonces tendrá el poder para cambiar las cosas. Entonces tendrá la oportunidad de demostrar con los hechos aquello que pregona ahora. Pero ahora,… no es más que un ejercicio de arrogancia. ¿Por quién me tomas, por un pobre hombre que es un infeliz y que lo único que le queda es consolarse con las arengas milenaristas de un iluminado que no tiene los medios para poner el práctica lo que predica?
Así que no tiene nada que decirnos. Ni siquiera ha venido a hablar a los berlineses, al Berlín de hoy. Ha hablado del Berlín de la guerra fría, del puente aéreo, del Berlín que los EE.UU. tienen en su memoria y en el que quiere seguir creyendo. Si quiere hablar en Berlín debería haberse informado, saber qué piensa la gente que vive aquí, quiénes son aquellos a los que ha convocado para que le escuchen.
Pero sospecho que eso le es indiferente y que ha venido aquí no para hablar a los berlineses. Ha venido a pasar de ellos y con la única intención de usar el perfil del paisaje de Berlín, la silueta de Puerta de Brandenburgo, el Tiegarten y la Columna de la Victoria, colocar su propio perfil junto al de Kennedy para recrear un escenario mitológico cuyas sombras proyecta en el fondo de la caverna platónica en la que están sentados sus electores en los EE.UU.
En resumidas cuentas, a mí me parece que el berlinés se habrá de sentir como reza el dicho, además de puta poner la cama. Que desvergüenza la del caballero Obama.
Así que no ha dicho nada nuevo. Lo único que se podía oir era el runrún invariable de la política EE.UU. de los últimos lustros y su percusión macerante no tenía nada que ver con los ritmos ligeros y esperanzadores con los que la gente se sacudía al aparente compás de la voz que venía del escenario. Nada que, visto desde fuera, justificase la exaltación de aquella multidud delante de su DJ. Debía ser una “silent disco”.



