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elección 9 Marzo 2008

Posted by zascandil chico in fuera de juego, tao y razón de estado.
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Que si hasta cuando se puede enviar el voto por correo, que si has mirado si estabas en las listas… la conversación clásica a dos o tres semanas vista de las elecciones. Estábamos esperando a que comenzase una conferencia en la que participaría Jorge Semprún y, medio en serio, medio en broma, llegamos a la conclusión de que, tanto aquellos de nosotros que no iban a votar como aquellos que sí, ninguno tenía muy claro a quién votar, pero todos sabíamos con toda certeza a quién no votaríamos nunca. Así, medio en serio, medio en broma, se me ocurrió que la mejor forma de combatir la abstención sería invitar a los ciudadanos a que eligiesen, de todas las listas a candidatura, al candidato al que ni en una pesadilla quisieran ver al frente del país. Ganaría el que recibiese menos votos negativos. Pensadlo. ¿A que sería mucho más fácil decidirse? ¿A que iría mucha más gente a votar?

Eso del voto negativo parece un poco perverso. Pero no es descabellado, teniendo en cuenta la variedad de significados que cada uno de nosotros le atribuimos al hecho de votar y al peso o la dirección de nuestro voto. Puede tener un significado directo, de apoyo: aunque sólo sea para afianzar la democracia después de tantos años de dictadura. Otros proponen que el votar tenga un significado de rechazo: para repudiar el uso de la violencia como instrumento para influir en la elección de los ciudadanos.

Es curioso que, con el voto, o mejor, con el hecho de votar, la gente se decida por cosas que en realidad no se ofrecen a elección. Y quizá, la solución del problema sea, y no medio en broma, sino completamente en serio, cambiar el objeto de elección. Los partidos políticos buscan sus votos intentando mostrar a la gente lo que los diferencia de aquellos que defienden otra opción. Pero, si, por ejemplo, nos diesen una papeleta para votar aquello con lo que estamos de acuerdo, y en esa papeleta estuviesen cosas realmente importantes como el respeto a los derechos humanos, el derecho a la vida, el derecho a la expresión de la propia cultura y su conservación, la igualdad de oportunidades entre ambos sexos, una remuneración justa del trabajo realizado que permita una vida digna, condiciones de trabajo dignas,… comprobaríamos que vascos, andaluces, castellanos, catalanes, aragoneses, gallegos, canarios… tenemos muchas, muchísmas más cosas en común que no cosas que nos diferencien. ¿Merece la pena matar por esa diferencia? Sería mucho más civilizado sentarse y elaborar, de común acuerdo, un marco administrativo que permitiese la coexistencia basada en ese más de 90% de valores fundamentales comunes y que diese espacio para que la diferencia se expresase sin cortapisas. Yo no tendría reparo en adherirme a una alternativa que, por ejemplo, trabajase por esos valores fundamentales aún a costa de renunciar a banderas, todas, fronteras, todas, e historias, todas, si con eso conseguimos un marco de convivencia más justo.

¿Votar? Tal vez estamos en la elección equivocada. Me gustaría poder votar otras cosas.