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platón y flash mobbing 27 Julio 2008

Posted by zascandil chico in fuera de juego, hablar por hablar.
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Para no andar inventando definiciones, me remito a la ínclita wikipedia: un “flash mob” es “una acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de repente en un lugar público, realiza algo inusual y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse a través de los medios telemáticos (móviles e Internet) y en la mayor parte de los casos, no tienen ningún fin más que el entretenimiento, pero pueden convocarse también con fines políticos o reinvidicativos.” Mi versión favorita de este sarao instantáneo es la “discoteca silenciosa” (o “silent disco” en bárbaro): los “flashmoberos” llevan un teléfono móvil con el que se sintonizan a la música de un DJ y que escuchan con auriculares. Bailan, y para los que pasan por allí no son más que un grupo de locos en silencio bloqueando la vía pública mientras gesticulan de forma menos que más coordinada. Imaginaos la escena. ¿No es genial?

Lo que sucedió en Berlín el pasado jueves [1][2] a los pies de la Columna de la Victoria no cumple con casi ninguno de los parámetros que permitirían clasificarlo como flash mob: la multitud, que algunas fuentes cifraron en unas 200.000 personas, tardó más de tres horas en copar el lugar y el evento en sí duró unos treinta minutos. La persona que era el centro del evento es a estas alturas conocido en todo el mundo y todos sabían de qué iba el sarao, tanto los que estaban dentro del recinto de seguridad  y participaban en él como los que estaban fuera de él. O tal vez no. Me pregunto si hubo alguien más que, como yo, tuviese la sensación de estár presenciando una ruidosa “silent disco”. ¿Qué demonios significaba todo aquello?

Barack Obama cabalga en la ola de la popularidad que la campaña electoral de los EE.UU. le ha regalado. Aparentemente da cuerpo a la aspiración de cambio que experimentan los ciudadadanos de los EE.UU. después de darse cuenta de que su “comandante en jefe” de los últimos años es un inútil nefasto que no se ha ocupado de las cosas que realmente les importan (…por expresarlo de una forma suave). Y parece que el resto del mundo, que ha tenido que sufrir los despropósitos de aquel rufián y su camarilla sin poder remediarlo, pues quienes lo eligen son los ciudadanos de los EE.UU., desea con igual o mayor vehemencia tal cambio. Y Obama parece dispuesto a capitalizar tal deseo.

Y Obama anuncia que quiere dar un discurso en Berlín.

¿Y eso? ¿A santo de qué? ¿A quién quiere hablar? ¿A los alemanes? ¿Y qué tiene que decirles? ¿Y en calidad de qué?

Me pregunto qué esperaban esas decenas de miles de personas que se reunieron allí para oirle.

Resulta que viene a decir que los Estados Unidos de Norteamérica no pueden afrontar solos todos los retos que se le plantean a ellos y al mundo hoy en día y que es necesario cooperar como iguales. Caballero, eso lo saben ya los berlineses. Si hay alguien que no necesita oirlo y que lo comprenden muy bien son todas esas personas que salieron a la calle en las manifestaciones por la guerra de Irak, Todas esas personas que se manifestaron y tuvieron que sufrir las malas maneras de los antidisturbios en la visita de Bush hace cinco años, toda esta gente que tiene un nivel de conciencia medioambiental y participación en la sociedad civil muy superior al de la media. Es ridículo que este señor arengue a los berlineses a hacer lo que ellos exigen desde hace años. Es una tomadura de pelo. ¿Eso es lo que tenía que contar en Berlín? Son los EE.UU. los que se tienen que aplicar el cuento, es Bush el que no se quiso adscribir al tratado de Kyoto porque iba en contra de los intereses de los EE.UU., es su país el que se ha metido en Irak dando a la espalda a las Naciones Unidad y a la comunidad internacional, amparando en su “coalición de voluntariosos”, … es su país el que debe darse cuenta de que no puede hacer las cosas solo como las ha venido haciendo hasta ahora.

Una frase. Una frase en todo el discurso, a menos de cinco minutos de su final, para decir que los EE.UU. no siempre han sabido obrar respetando la justicia ni obrar en acuerdo con otros países con los que en realidad comparte intereses y valores.

Muy bien, tal vez fuese esto algo que incluyó en su discurso pensando en que se lo debía a los berlineses, que debía una explicación por lo que ha pasado en los últimos años. Elegante y, teniendo en cuenta la boca pequeña que se les queda a los políticos de los EE.UU. especialemente en campaña electoral, valiente.

Pero, ¿de qué me sirve a mí que este señor, con todo mi respeto por él como persona y a sus evidentes dotes de orador y sin olvidar su carrera y sus capacidades, de qué me sirve que me venga a decir que he tenido razón durante todos estos años? ¿En nombre de quién habla? Si es en el propio, pues sinceramente, su opinión cuenta para mí tanto como la de mis amigos neoyorquinos de Berlín, con la diferencia de que con ellos puedo hablar, entender su opinión que comparto o no comparto, que puedo rebatir lo mismo que ellos rebaten la mía, con los que sé si entienden mi postura o no… Para mí el discurso de Obama es un ejercicio de soberbia infinita: se cree tan importante como para que todo el mundo escuche religiosamente lo que tiene que decir y, eligiendo un formato en el que el oyente no puede rebatir, asumir que todos van a estar de acuerdo con lo que él dice. Señor mío, estamos en Berlín, no en su parroquia.

Si hablase en nombre de su país yo tendría interés en saber de qué habla, pero, ¿quién es este hombre?, ¿qué pito tiene que tocar en los EE.UU.? ¿Quiere hablar conmigo, quiere darme la razón, y qué, qué va a cambiar eso? Bien, tal vez sea el presidente de los EE.UU. en un par de meses. Entonces tendrá el poder para cambiar las cosas. Entonces tendrá la oportunidad de demostrar con los hechos aquello que pregona ahora. Pero ahora,… no es más que un ejercicio de arrogancia. ¿Por quién me tomas, por un pobre hombre que es un infeliz y que lo único que le queda es consolarse con las arengas milenaristas de un iluminado que no tiene los medios para poner el práctica lo que predica?

Así que no tiene nada que decirnos. Ni siquiera ha venido a hablar a los berlineses, al Berlín de hoy. Ha hablado del Berlín de la guerra fría, del puente aéreo, del Berlín que los EE.UU. tienen en su memoria y en el que quiere seguir creyendo. Si quiere hablar en Berlín debería haberse informado, saber qué piensa la gente que vive aquí, quiénes son aquellos a los que ha convocado para que le escuchen.

Pero sospecho que eso le es indiferente y que ha venido aquí no para hablar a los berlineses. Ha venido a pasar de ellos y con la única intención de usar el perfil del paisaje de Berlín, la silueta de Puerta de Brandenburgo, el Tiegarten y la Columna de la Victoria, colocar su propio perfil junto al de Kennedy para recrear un escenario mitológico cuyas sombras proyecta en el fondo de la caverna platónica en la que están sentados sus electores en los EE.UU.  

En resumidas cuentas, a mí me parece que el berlinés se habrá de sentir como reza el dicho, además de puta poner la cama. Que desvergüenza la del caballero Obama.

Así que no ha dicho nada nuevo. Lo único que se podía oir era el runrún invariable de la política EE.UU. de los últimos lustros y su percusión macerante no tenía nada que ver con los ritmos ligeros y esperanzadores con los que la gente se sacudía al aparente compás de la voz que venía del escenario. Nada que, visto desde fuera, justificase la exaltación de aquella multidud delante de su DJ. Debía ser una “silent disco”.

Comentarios»

1. zascandil chico - 28 Julio 2008
2. zascandil chico - 30 Julio 2008

Me pregunto hasta qué punto este artículo de opinión refleja la forma de pensar de los ciudadanos de EE.UU.

  Change Germans Can’t Believe In
By SUSAN NEIMAN, New York Times,  Published: July 26, 2008 

Si mi inglés, que tampoco es tan boyante, no me engaña, el título viene a esconder una acusación velada: los alemanes no son capaces de creer, les falta el órgano que supura el entusiasmo, son incapaces de ilusionarse con una esperanza. Les acusa de no ser capaces de ilusionarse con Obama. Escribe:

Europeans will be as relieved as 72 percent of Americans to see the end of the Bush administration, but their attitudes toward the Democratic candidate are far from being the same as the ones he arouses at home. Mr. Obama makes Europeans uncomfortable.

Es cierto, paradójicamente, que de lo que ofrece el jardín político en EE.UU. posiblemente sea Obama la flor más atractiva, y en cualquier caso más deseable que el cardo de Bush. Pero lo cierto es que Obama empieza a mostrar la ominosa vacuidad de los políticos en general y los de aquel país en particular. Mientras va adoptando gradualmente líneas tradicionales de la política exterior americana (como por ejemplo esa suerte de oximorón de apoyar incondicionalmente a Israel y querer ser el mediador en Oriente Medio… ), vacía de contenido la propuesta de cambio que, sin embargo, sigue luciendo en su bandera. Lo que, sospecho, les incomoda a los europeos no es tanto Obama, sino el hecho de tener que sufrir sus futuras políticas sin haber podido votar a su favor o en su contra. Esa es la responsabilidad que los dignatarios EE.UU. no han sabido asumir de cara a los europeos y de cara al resto del mundo. Se les da muy bien hacer puentes aéreos y grandes discursos delante de las fronteras artificiales sin tener la capacidad real de tirarlas (recordemos cómo cayo el muro y quién lo tiro… se cayó de allí para acá, no de aquí para allá…). Pero cuando se trata de ver los problemas globales y asumir su parte de responsabilidad, dan la espalda a todo el mundo. Parecen esos galanes de antaño que rondan a la joven hasta que se la llevan al huerto y luego ya no se acuerdan de ella. (En fin, todos los políticos, eso es cierto).

The mocking undertone that accompanies most descriptions of Mr. Obama in the European news media signifies a trans-Atlantic divide. George W. Bush made matters far worse than they ever were, but the neoconservatives who advised him were right about one thing: Europe is gripped by a world-weariness that resists American dreams.

Pues sí y a mucha honra. Mientras los EE.UU. sigan ofreciendo sólo eso, el famoso sueño americano, del que no saca beneficio sino todo lo contrario el resto del mundo, me temo que no va a ver motivos para entusiasmo.

But then, Mr. Voigt told me last week, he considers himself a Kantian. Very few Germans do. Robert Kagan, the conservative foreign-policy expert, once claimed that Americans are hard-headed Hobbesian realists, while Europeans are Kantian idealists, but he got it backwards. European institutions may be closer to those imagined by Enlightenment thinkers, but the Enlightenment’s spirit crossed the Atlantic long ago. The whole-hearted enthusiasm of audiences back home is an American thing. Europeans wouldn’t understand.

Que me ayude alguien, esto no lo entiendo. ¿Cómo se puede clamar por el espíritu de la ilustración en un país en el que se ejerce la pena de muerte y se predica el famoso “diseño inteligente”? ¿Cómo se puede clamar por el espíritu de la ilustración cuando se nos pide creer en palabras huecas en vez de explicar para que se pueda entender? ¿Fe en vez de razón? No entiendo nada.

Berlin, in particular, is in the middle of a very post-heroic moment. Its former bravado about its history now approaches indifference. Take the awkward turquoise building where visitors from the West used to part from loved ones at the Friedrichstrasse border. Dubbed the “Palace of Tears” by East Berliners, it later symbolized the local talent for black humor and raw energy when it was turned into a disco after reunification. Surrounded by cranes at work on yet another office building, the Palace of Tears no longer has any function, nor anyone to complain about it.

Pues a mí también me da pena que el “Tränenpalast” se haya quedado ahí, arrinconado. Yo también he querido ver ahí una piedra angular del recuerdo de los años de la guerra fría y la división. Me gustaría que se conservase. Pero si no se conserva, los alemanes van a ser, lo mismo con él que sin él, los depositarios de la memoria de lo que pasó y del significado que tuvo para la vida de aquellos que lo sufrieron, lo alemanes mismos. Hace poco tuve una cena con dos clientes alemanes, uno del este, otro del oeste, mediados de los cincuenta. Ahí estuvieron contando sus experiencias de aquellos años, con normalidad, dándole el acento que los acontencimientos tenían para ellos. Fascinante. Sin embargo, nosotros, que sólo hemos sido espectadores, creemos tener derecho a opinar sobre lo que pasa en esta ciudad porque su mitologización de aquellos años la fundió al acerbo popular de medio mundo. Así, se permite la autora decir:

So when Mr. Obama reminded Berliners of their greater moments — the airlift, the destruction of the wall — he risked more scoffing. There was plenty of speculation about which German sentence he would memorize to one-up John F. Kennedy’s famous speech.

Pero de aquellos eventos han pasado muchos años. Tal vez son los grandes eventos que nosotros, espectadores, relacionamos con Berlín. Pero, ¿son los eventos más importantes para los berlineses? Y, si lo fuesen, ¿es su percepción la misma que la que se ha acuñado para el resto del mundo? En fin, que el artículo me parece un despropósito. Como sea la opinión generalizada ayende los mares, no nos va a pintar mucho mejor después de la era oscura de Bush.