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querer acordarse 14 Septiembre 2008

Posted by zascandil chico in fuera de juego, heridas abiertas, cabezas vacías.
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De una reflexión de Muñoz Molina en Babelia:

El resultado de esta sentimentalización y oficialización de la memoria es el olvido de aquello mismo que se pretendía recordar. Quien dice que sólo ahora se publican novelas o libros de historia que cuentan la verdad sobre la Guerra Civil y la dictadura debería decir más bien que él o ella no los ha leído, o que los desdeñó en su momento porque no estaban de moda, en aquellos atolondrados ochenta en los que la doctrina oficial del socialismo en el poder era la contraria: con lo modernos que ya éramos, qué falta hacía recordar cosas tristes y antiguas.

Con el reconocimiento de alguien que tuvo que salirse a Alemania no solo para poder acordarse, sino empezar a comprender. Porque es eso lo que falta sobre todo, la voluntad de querer comprender.

 

uso de razón 9 Diciembre 2007

Posted by zascandil chico in heridas abiertas, cabezas vacías, tao y razón de estado.
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Sin que sirva para expresión de comunión política alguna con el autor del artículo.

En las democracias, los grupos que forman la comunidad estatal suelen provenir de diferentes genealogías étnicas, con tradiciones distintas. De modo que la Ilustración propuso basar la unidad armónica de los ciudadanos en las normas presentes y futuras que podían compartir, no en los rastros del pasado distintos para cada cual. Como no eran iguales su memoria o su folclore, deberían serlo sus derechos y deberes (porque estos últimos atienden a lo común de todos, por encima de los caprichos atávicos que enfrentan a las banderías). Según este criterio, la libertad cívica es la proyección conjunta de opciones y garantías para todos los socios, mientras que el libertinaje es la obstinada reivindicación de la peculiaridad que no puede generalizarse ni comprende la virtud de lo general.

Y un punto en el que, expatriado, no me queda más remedio que coindicir (como atestiguan tantas tertulias aquí, a tantos kilómetros de distancia):

El ascenso triunfal del libertinaje político es particularmente notable en España. En todos los países que conozco, las leyes se promulgan tras un contraste de pareceres y debate parlamentario para marcar la directriz común a seguir. Pero entre nosotros las leyes no zanjan las polémicas, sino que las originan: que si deben cumplirse siempre o sólo en ciertos casos (hemos inventado la ley opcional, gran novedad), que si aquellos a los que no les gustan deben acatarlas, que si su aplicación depende de cómo marcha la política en cada momento, etcétera.

En fin, el artículo repasa varios puntos de actualidad en España, tomando posición en base en argumentos que unos en mayor, otros en menor medida, sí o no comparto. Pero que alegría encontrar un artículo con argumentos que atacar, desmontar, defender, sopesar…

más memoria histórica, a escala humana 7 Octubre 2007

Posted by zascandil chico in heridas abiertas, cabezas vacías.
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Buenos Aires, Argentina. La Armada abandona definitivamente la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada), símbolo del terror practicado de 1976 a 1983 por las Juntas Militares contra sus propios compatriotas. En el edificio se establecerá un Museo de la Memoria, cuyo objteivo será dejar constancia de la represión militar. Del asunto me llama sin embargo espcialmente la atención el último párrafo del artículo de El País de donde he sacado la información. Cito:

Cuando en 2004 la Armada salió del edificio principal, se encontró un escrito que dejó un cadete en su armario, consciente de que el edificio era un símbolo de la tortura: “No tuvimos que ver con lo pasó aquí, pero les pedimos perdón”. 

a quién pertenece la memoria (histórica) 22 Septiembre 2007

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A pesar del título, la referencia no está en el debate actual sobre la memoria dudosamente histórica en España, sino en Canadá. Acabo de repescar un artículo de una edición atrasada del Berliner Zeitung que me está durando varios desayunos. Lleva por título (traducción libre) “Veteranos de guerra metidos a historiadores“. Básicamente, el artículo da cuenta de que el museo de la guerra de Ottawa ha tenido que cambiar los textos de los paneles informativos de sus exposiciones por la presión de las asociaciones de veteranos de guerra. Se trata de la Segunda Guerra Mundia, y en los paneles informativos se ponía en tela de juicio “el valor y la base moral” de los bombardeos estratégicos en los que perecieron más de 600.000 alemanes (civiles). Los veteranos estiman que la forma de presentar los hechos les deja como criminales de guerra y amenazaban con boicotear el museo. Piensan que se cuestionaba el sentido y la justificación moral de su actuación, que ellos consideran un servicio prestado. En primavera se encargó a un grupo de cuatro expertos, es decir, historiadores, que evaluasen la información de los paneles. Los cuatro dictaminaron que la información era correcta. Dos expresaron simplemente preocupación a la forma en que se había redactado la información. La decisión del museo fue la de mantener los paneles. Poco después, y a través de la comisión parlamentaria para los veteranos de guerra, estos consiguieron, ejerciendo presión política, que se cambiasen los textos. El director del museo dimitió. Una de las historiadoras del grupo de expertos, Margaret MacMillan, con enfado declara que “un  museo no es un monumento memorial” y piensa que es un precedente peligroso que un museo tenga que plegarse a presiones políticas. Podría tener como consecuencia, en sus palabras, que sólo lleguen al público las opiniones de aquellos que más griten.

entelequias 13 Mayo 2007

Posted by zascandil chico in fuera de juego, heridas abiertas, cabezas vacías.
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Nunca fui un estudiante modelo, así que sólo recuerdo difusamente que en las clases de química nos contaron de la existencia de los llamados estados de transición, a última hora compuestos químicos bien caracterizados y de entidad propia, que sólo existen efímeramente, pero que son indispensables para que se lleve a cabo una reacción química, es decir, que de unos reactivos se llegue a unos productos, compuestos químicos completamente diferentes de los de partida, pasando por ese punto intermedio que es el estado de transición.. Estos estados, moléculas de hecho, tienen una vida fulgurante, tanto que es casi imposible detectarlos. En principio, hay que recurrir a ecuaciones abstractas y a los principios de la mecánica cuántica para darles carta de naturaleza. Parece una cuestión de fe. Por fortuna, la ciencia no es una religión y dispone de criterios aceptados por todos para decidir aquello de lo que nos podemos fiar y aquello de lo que no conocemos suficiente. Entiéndaseme, no quiero aquí volver al manido debate que opone la una a la otra, no me importa admitir que la religión puede servirle a uno para aliviar los golpes del destino y a mantener una actitud positiva en  la vida, tan necesario. Pero mientras la una se basa en la certeza que da el contrastar sus enunciados e intenta formular conceptos sin ambigüedad, a la otra no le salen las cuentas -sí, habéis acertado, estoy pensando en la “santísima trinidad“.

Y no, no acertáis si pensáis que voy a dedicarme a la crítica de la religión. Pero sí de los hábitos que ésta genera. Las sociedades de tradición judeocristiana, y sin pretender que sean las únicas,  tienen una poco saludable tendencia a estructurarse en una clase de iniciados y una multitud de desinformados. Asimetría que usan los primeros para precisamente elaborar conceptos de un contenido vago y multimorfo, de difícil explicación, pero que manejados con habilidad sirven de casa común para los miedos y las esperanzas sin respuesta de los desinformados y actúan como camuflaje perfecto de las intenciones de los iniciados, que no es otra que la de usar dicho concepto, casi dogma, para instrumentalizar precisamente esos miedos o esperanzas al servicio de sus intereses -y sí, habéis acertado, estoy pensando en algo tan trivial como el infierno

La efectividad del camuflaje es tanto más efectiva cuanto más intenso sea el miedo, la ansiedad o la esperanza que el concepto aglutina y cataliza. La estrategia es equivalente a poner un objeto bajo un potente proyector, de forma que la luz intensa, a la vez que atrae nuestra atención sobre el objeto, nos permite sólo reconocer su contorno pero no distinguir sus defectos.

Eso es lo que está sucediendo en la escena política española con la “Transición”. Estoy casi convencido de que, a pesar de que la mayor parte de la población actual ha vivido este periodo, la invocación de la Transición en términos simplistas, como decir que es el evento más positivo de la historia política y social española, que ha servido de ejemplo en todo el mundo… etc… , ha hecho el efecto de proyector luminoso de alta potencia que nos la hace visible, presente, pero que evita que reconozcamos sus detalles.

Una parte de la clase política pretende seguir esta “estrategia del proyector”, que en su caso usa no la intensidad de la luz sino el volumen de sus declaraciones, para fosilizar la Transición en un evento histórico y por lo tanto de aspecto perfectivo e inamovible, y, lo que más les interesa, incuestionable. Se asegura así de que mantenga su valor instrumental como casa común de ciertos miedos imprecisos de la sociedad española, entre otros, el miedo a que se vuela a producir un enfrentamiento entre españoles.

Recientemente, como comentario al pacto entre PSOE e IU que desbloquea la tramitación de una ley que me resisto a llamar de la “memoria histórica”, uno de los diarios de tirada nacional tituló en portada “PSOE e IU ignoran la Transición y pactan ilegalizar los juicios del franquismo“. Yo esperaba encontrar en el artículo del mismo título en el interior la explicación de cómo la  ilegalización de los juicios del franquismo supone ignorar la transición. O más aún, por qué supone, como dice el PP, “derribar el pilar fundamental de la reconciliación de los españoles”.

En el artículo no hay explicación que valga. Simplemente se yuxtapone la afirmación con citas tomadas del texto del borrador de la ley. Por lo tanto habrá que deducir que es la ilegalización de los juicios la que supone ignorar la Transición.

El artículo empieza así:

El espíritu de concordia y reconciliación que dio lugar a la Transición democrática hace ahora treinta años se ve seriamente amenazado. Los socialistas del PSOE y los ecocomunistas de IU dieron ayer un importante paso en esa dirección al pactar un nuevo texto de la llamada ley de «memoria histórica» con la que pretenden que el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, declare «ilegales e ilegítimos» los tribunales y las condenas dictadas por estos durante la etapa del franquismo.

Se citan tres párrafos del borrador de la ley, en los que se detallan qué juzgados y consejos de guerra se declaran ilegítimos y se especifica que se trata de declarar ilegítimas aquellas condenas y sanciones dictadas por motivos ideológicos o políticos. En concreto:

«se declaran ilegítimas las condenas y sanciones dictadas por motivos ideológicos o políticos por cualesquiera tribunales u órganos penales o administrativos durante la dictadura contra quienes defendieron la legalidad institucional anterior, pretendieron el restablecimiento de un régimen democrático en España o intentaron vivir conforme a opciones amparadas por derechos y libertades hoy reconocidos por la Constitución»

Creo que aquí se cifra el objetivo que debería ser el de esta iniciativa: restituir el nombre de aquellas personas que fueron juzgadas por delitos que hoy, en un sistema democrático que integra entre sus pilares fundamentales el respeto a los derechos humanos, no lo son. Aquellas sentencias son, de hecho, una violación de los derechos humanos.

Es sorprendente la forma tan diferente de abordar este tema de un país a otro. Recientemente surgió una seria polémica tras las alabanzas vertidas por el actual presidente del estado federado alemán de Baden-Würtenberg en el funeral de Hans Karl Filbinger, que detentó el mismo cargo hasta que se vio obligado a dimitir cuando salió a la luz que había sido juez militar durante el régimen hitleriano, responsable varias condenas a muerte y ejecutor de al menos una de ellas. Mientras que todavía se discute acerca de la necesidad práctica de haber conservado en la posguerra gran parte de la judicatura de dicho régimen totalitario, parece que nadie pone en duda la ilegitimidad de sus actuaciones legales durante la dictadura, especialmente aquellas que atentaron contra los derechos básicos, ni la necesidad de restituir al menos el nombre de las víctimas. De hecho, su posición fue insostenible después de haber declarado “lo que en aquel momento era legal no puede ser hoy ilegal“.

En cualquier caso, es un tema sobre el que se debate en todas las instancias sin que se sienta que con él se pone en peligro la estabilidad democrática alemana. Y la razón es, fundamentalmente, que el actual sistema político alemán no pierde su legitimidad al reconocer y promulgar que el régimen nacionalsocialista era eso, una dictadura y por lo tanto, carente de legitimidad. Y mucho menos compromete la estabilidad de su democracia.

De hecho, resulta paradójico pretender que un sistema político pierda su legitimidad si precisamente denuncia la ilegitimidad de un régimen con el que no comparte ningún valor social o político.

Sin embargo, el artículo, junto con otro de opinión en la misma edición, va más allá y da a entender que el declarar ilegítimos los juicios del franquismo supone restar legitimidad fundacional al sistema vigente. Aparentemente cualquier intento de revisar los términos que se pactaron para llevar adelante la transición privaría al sistema actual de su legitimidad. Pero, ¿no es en sí una actitud soberbia el pretender que la sociedad actual no esté en condiciones de afirmarse en los valores por los que se rige y ajustar su contexto social, político e histórico a los mismos? ¿Quién va a defender la postura de aquellos que no quieren que se revisen los juicios? Digamos que ponemos en entredicho alguno de los contenidos pactados a finales de los setenta. ¿Y qué, qué puede pasar? ¿Quieren decirnos que si renunciamos a lo pactado colapsaría el sistema político actual? ¿Por qué? ¿Habría gente que llegaría a hacer uso de la violencia para defender aquellos pactos que quedasen sin valor?

Una vez más: esos pactos fueron fijados en una situación totalmente diferente a la de hoy, una sociedad completamente diferente a la de hoy. ¿Por qué no dejar que la sociedad actual elija sus valores, incluso si eso supone renegar de algunos de los acuerdos que se pactaron en la transición? ¿Es que son sagrados? ¿No se pueden someter al escrutinio de la razón?

La reacción del PP consiste en afirmar que declarar ilegítimos los juicios del franquismo en los términos fijados en el borrador de la ley  supone “derribar el pilar fundamental de la reconciliación de los españoles”.¿Qué reconciliación se pone en peligro?

¿La de los españoles de 1975?

Eso supone reconocer que había una fractura social que el régimen sólo pudo reprimir, no subsanar y mucho menos reconciliar. Así que, si la armonía entre los españoles es tan preciada, ¿no habría que tomar distancia de ese régimen que, puesto que en treinta años no supo eliminar esa fractura, la alimentaba?


¿La de los españoles de 2007?

Eso supone afirmar que existe actualmente una fractura social que sigue la misma topografía espiritual que la de 1936, la cual, a su vez, era simplemente la prolongación de la inveterada fractura social cuya falla se puede seguir al menos hasta el siglo XIX. Recordemos que la mayoría de los historiadores serios atribuyen el potencial que dio lugar al conflicto a las desigualdades económicas y a los desequilibrios sociales enquistadas en España durante decenios, siglos. Desigualdad abismal en la repartición la riqueza, una economía anclada en la agricultura, una industrialización “interrupta” que no bastó para dar a luz a una clase media con voz propia, una relación casi feudal entre dueños de los medios de producción y trabajadores, una sociedad marcada por el analfabetismo de la mayoría y la falta de cultura política de todos… La situación política proporcionó más bien el detonante, no las razones.   ¿Existe hoy en día una diferencia ideológica y social tan grande en España como para causar un conflicto?

Por más que todos nos acordemos de los camiones de verduras españolas volcados por los agricultores franceses y de cómo nos llevaban los demonios, España dejo de ser un país agrícola ya en los años 70 (menos del 7% del PIB). El sector industrial se convirtió en cenizas con el proceso de integración europea, y con él el campo de cultivo de posibles movimientos sindicales con algún calado social. Hoy día parece que lo más parecido a un proletariado sea una enorme masa de gente con títulos universitarios, varios idiomas y una nómina de algo menos de 1000 euros por mes. Todo el mundo tiene acceso a la alfabetización. Las diferencias de renta entre las diferentes clases profesionales y sociales (promotores inmobiliarios aparte) no son abismales. Por más que nos queramos ver como barcelonistas o madridistas, de (aparentemente ) izquierdas o (aparentemente) derechas, de café solo o de cortado largo de café, la verdad es que la vida de la mayoría de los ciudadanos españoles se parece, en su formación, ingresos, valores e ideas, una a otra como gotas de agua. A mi juicio, en el momento actual no hay factores suficientes para generar un conflicto y mucho menos para delimitar alguna fractura económica, social o cultural clara. A menos que se exacerbe artificialmente. ¿Y no podría ser eso lo que está pasando? ¿Que, irresponsablemente, ciertos actores políticos se sirvan de viejos fantasmas embusteros para crear una división en la sociedad que ya no está ahí?

Es deleznable conjurar el espectro  familiar de las dos Españas, amenazar con un nuevo enfrentamiento entre españoles. Hablar de poner peligro la reconciliación da por sentado que existe el potencial de un conflicto en la sociedad española. Tienen entonces la responsabilidad de decir claramente dónde se encuentran las raíces del mismo. De lo contrario, están insultando a la gente que habita hoy en día en España, puesto que, a falta de una razón para fundamentar una posible confrontación, tal afirmación hace pensar que el enfrentamiento es algo que los españoles llevan en los genes — eso y no otra cosa es el mito de las dos Españas. Lo cierto es que la ignorancia de la población permitió que los bandos del momento se aprovechasen de ella en su enfrentamiento particular.


Los españoles han cambiado, la sociedad ha cambiado, debe llegar el momento en que esta sociedad asuma la responsabilidad de gobernarse y enuncie sus valores y sepa distanciarse de aquellos acontecimiento históricos que, si bien propios, no participan de su espíritu actual.

Se habla de poner en peligro el consenso entre los españoles, de que haya bandos que sean o puedan llegar a ser irreconciliables. Yo, que tenía 9 añitos cuando se votó pasar a un sistema democrático, no termino de entenderlo. He crecido pensando que vivía en medio de un pueblo orgulloso de detentar su propia soberanía y elegir a sus representarse, orgulloso, en fin, de gobernarse. He crecido con la referencia de unos valores comunes – derechos básicos y fundamentales – que nadie pone en duda, todos los compartimos, ahí no veo bandos por ninguna parte. Derechos básicos y fundamentales que fueron negados por la dictadura. No entiendo por qué la legitimidad de este sistema puede compatibilizarse con no condenar el régimen anterior.

Y de ninguna manera veo que la legitimidad del sistema actual – legitimidad que se basa en la aceptación por parte de todos los ciudadanos del país de sus valores fundamentales, legitimidad que hoy en día surge de los propios ciudadanos, no deberían necesitan un consenso fabricado por políticos de espalda a la gente, como durante la Transición – deba ser ni aun parcialmente una continuación de la legitimidad del sistema anterior, con el que tal vez comparte una tradición cultural y una historia común, eso no lo voy a poner en duda de ninguna manera, pero que se edifica sobre un terreno político completamente diferente.

En fin, o bien la transición ya se ha cerrado y estamos en una situación diferente a la del final de la década de los 70, y deberíamos fijarnos entonces en lo que necesita la sociedad de hoy sin imponer dogmas que sean un obstáculo para llevar adelante el desarrollo democrático de la sociedad, o bien no se ha cerrado aún, es decir, la transición es un proceso en curso, entonces como tal mutable en todas sus partes y lo que deberíamos hacer es entender de dónde partió y preguntarnos a dónde queremos que nos lleve.

En ambos casos se me antoja necesario confiar en el espíritu científico para ubicar el bienio constituyente en la categoría los estados de transición, usando para ello la caracterización, el contraste de los diferentes estudios y opiniones, el debate a pecho descubierto, y sacarla del limbo de las amenazas imprecisas, del dogmatismo amordazador. Sacarla de la luz del foco y ponerla al microscopio.

Han pasado sólo 30 años, tal vez parezca poco tiempo para dejar en manos de los científicos, es decir, los historiadores, este estado de transición, efímero, pero lo que sí es cierto es que hay que evitar que los políticos se erijan en sacerdotes que lo conviertan en una entelequia trinitaria y lo instrumentalicen para cegar a sus adeptos.

mangas verdes 5 Julio 2006

Posted by zascandil chico in fuera de juego, heridas abiertas, cabezas vacías.
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Pues sí, a buenas horas…

El Parlamento Europeo condena el golpe de Estado de Franco y su dictadura (El Mundo, 2006.07.05)

Como siempre, echo de menos el contexto. Echo de menos que aquellos miembros de la hoy Unión Europea que en aquel  momento contribuyeron, por activa o por pasiva, a que el régimen legal no pudiese defenderse apropiadamente y que el golpe de estado resultase en varios años de guerra que dejaron un país traumatizado a merced del antojo de un militar mediocre, echen la vista atrás y no se limiten a una condena retórica de una dictadura sino que se avengan a analizar las responsabilidades propias en su establecimiento. Pero se ve que por mucho que se subraye la situación de normalidad, el tema sigue siendo incómodo, como se puede juzgar por el hecho de que no se haya dado luz verde a la petición de 200 eurodiputados para que se hiciese un debate con el objetivo de elaborar una condena de la dictadura. En vez de ello, se ha quedado en una declaración institucionel con expresión de la postura propia por parte de los diferentes grupos parlamentario, con lo que se queda en un mero recuerdo a cuenta de una fecha señalada, como por otra parte indica el comunicado de la oficina de prensa del propio parlamento europeo.

Para lo que puede servir la declaración es para poner en evidencia una vez más la postura del Partido Popular, que parece carecer de argumentos para definir su identidad e insiste en no romper el cordón umbilical con un período de la historia de España de la que se pueden decir muchas cosas pero de la que no se puede negar que fue una dictadura, una época de privación de libertad, un período de ensalzamiento de las virtudes de la nación a costa del desprecio al pueblo.

Y una vez más, reseñar la ‘dogmadependencia’ de los populares, ese impulso por definir verdades inamovibles con las que definir su latitud y su longitud, y esa incapacidad de ponerlas en cuestión si la realidad cotidiana exige su revisión:

 “la reconciliación, la concordia no debe aburrirnos. No debemos cambiar nuestra actitud, y por eso a muchos españoles nos parece un error histórico que hoy se trate de impulsar una segunda transición, como si la primera hubiese quedado vieja y obsoleta; significa un error histórico quebrar unilateralmente la esencia de nuestra Constitución de la concordia; constituye un disparate histórico introducir en España el debate del derecho de la autodeterminación, la creación de nuevas naciones en el seno de España que no han existido nunca, significa un error histórico porque nos aleja de nuestra concordia”

Sinceramente, no estoy en condiciones de juzgar si la Constitución española está ya obsoleta o no, pero creo que hacen falta muchas luces para comprender que la que tenemos surgió de un momento histórico específico en el que determinados actores detentaban una posición de poder con la que no cuentan hoy y en el que la evolución politico-social del país era incierta, cosa que no creo se pueda afirmar hoy en día. La situación del país ha cambiado, ¿no es legítimo preguntarse si el instrumento constitucional, que surgió de un momento único, sigue teniendo todos los medios para regular la convivencia hoy en día? ¿No es legítmo hacerse preguntas?

Por lo demás, señalar lo paradójico de la expresión ’segunda transición’ que usa Mayor Oreja. Más bien me parece a mí que deberíamos cerrar adecuadamente una transición aún incompleta. (Entre otras cosas, ¿cómo se puede hablar de reconciliación y concordia si no se habla de las injusticias que se hubieren cometido y nombrar a sus responsables? Todo lo demás es negar la mayor, establecer una paz impuesta a costa el sufrimiento de quienes sufrieron la injusticia. Puede optarse por tener la fiesta en paz, pero eso dista mucho de la justicia y no permite la reconciliación).

A riesgo de que parezca una ligereza, no puedo por menos que meter la viñeta de Peridis de hoy:

Viñeta de Peridis en El País, 2006.07.05 

Y para finalizar, y después los tiras y aflojas que se tienen por la península con aquello de qué es una nación, o una nacionalidad, o una realidad histórica o un pueblo… ¿qué os parece la traducción al inglés de las palabras de Mayor Oreja que hace la oficina de prensa del Parlamento Europeo? Cito:

The EU, he said, in many ways, was borne out of what happened in Spain.  It was important not to repeat the mistakes of the past.  A second Spanish Constitution was not needed, neither was self-determination for peoples that have never existed in Spain.

 

disparate 14 Abril 2006

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Otra vez a vueltas con las churras y las merinas.

El PSOE quiere incluir a las personas que impulsaron la Transición en el homenaje a la II República (El Mundo, 2006.04.14)

Permítaseme elevar al hipótesis de que el único lugar común, en lo político, entre la república segunda y el sistema democrático actual es que muchos de los valores en los que se basan y objetivos que buscó y busca fueron denostados y perseguidos por la dictadura que, de ese modo, se convierte en su único hilo conductor, si bien por la vía de la negación.

En mi opinión, tanto el panorama político como en el social y las circunstancias en las que república y democracia ven la luz y se desarrollan son tan dispares que no permiten en lo más mínimo postular que aquella fuese la premonición de esta. Ni siquiera los partidos políticos que aún llevan los mismos nombres que entonces pueden conjurar una continuidad ni temporal ni política con los que bandearon los temporales políticos o los provocaron entre 1931 y 1936. Pero aquí me estoy excediendo, quién soy yo para negarles su tradición a organizaciones a las que no pertenezco. Ahora, lo que sí que me gustaría es que al mismo tiempo que se dan al canto hagiográfico de la república que no pudo ser, reconozcan el papel que tuvieron tanto es su formación como en su colapso. Yo me subo siempre al caballo de batalla que reclama que se reconozca el periodo franquista como lo que fue, una dictadura, con todas las letras. De la misma manera me gustaría que, si los partidos políticos quieren sacar capital a la república reconozcan públicamente cómo sus actuaciones en aquél tiempo buscaron a menudo el beneficio propio y no el interés del pueblo a quien decían representar. Recuerdo cómo mi padre me contó que la idea que en la España de los años de Franco se tenía de los comunistas era que su objetivo era expropiar la propiedad privada y repartirla entre todos. Que es la idea que yo, siendo chico, tenía también. Cuál sería mi sorpresa cuando, leyendo libros en Alemania sobre los años de la guerra civil, encontré carteles de propaganda comunista que defendían el respeto a al propiedad privada. Conducidos desde Moscú, decidieron que era doble el uso de aliarse con la burguesía: apaciguar los miedos en otros países europeos de que se fuese a producir una revolución socialista y de paso eliminar a otras facciones (anarquistas, POUM,…) que, si bien defendían de forma más directa los intereses de los más desfavorecidos, resultaban competidores indeseados. ¿Cómo era aquello de la política y el compartir la cama?

Por otro lado, y enmendándole un poquito la plana a 'rosarisa' (con todo el cariño del mundo, que conste) en su comentario en 'radioberlin', del que cito:

Habéis leído el artículo de opinión de hoy en El País sobre la II República? El reconocimiento por ambas partes de los errores cometidos suena a promesa de sensatez, característica poco frecuente en nuestra querida Espaniaaa.

y a costa de seguir haciendo de discolo, voy a disentir. 'Ambas' partes supone dos partes. ¿Qué dos? Me arriesgo a suponer a los dos bandos, a los defensores de la república por un lado y a los defensores de sus privilegios y rebeldes al régimen legal por otro. Sinceramente, me parece que lo primero que un español contemporáneo debe hacer es dejar de identificarse con uno de estos dos bandos. Por desgracia, en la península tenemos un modo peculiar de resolver conflictos: nos apuntamos a uno de los bandos y dejamos de pensar. O mejor dicho, dejamos de pensar antes de apuntarnos, porque si lo hiciésemos tal vez llegáramos a la conclusión de que en realidad no nos convence ninguno de los dos bando. Y con ello hago referencia a otro caballo de batalla mío, que es que si hay que trazar una línea que separe a las personas que se vieron envueltas en los acontecimientos de 1931 a 1939 lo primero que hay que hacer es decidir con qué criterio se traza. Si es con el criterio de la responsablilidad legal, la línea no deberá separar a iquierdas y derechas, sino a aquellos que cometieron crímernes de los que no. Y si se trata de asumir responsabilidades políticas, no me vale una línea nada más, sino tantas como actores políticos hubo y que cada cual aguante su palo. Me parece simplista una argumentación como la que aparece hoy en la prensa:

Es evidente que los culpables del retraso en la modernización de España fueron unas derechas políticas, sociales, económicas y religiosas que con gran cortedad de miras se oponían al cambio. Pero también es cierto que, en su enfrentamiento con ellas, las izquierdas no acertaron. Cuando tuvieron el poder no fueron capaces de neutralizar a sus enemigos ni tampoco intentaron, como mal menor, templar gaitas a la espera de que el tiempo jugara a su favor. Cuando las elecciones de 1933 demostraron que había una derecha poderosa, capaz de unirse y gobernar, parte de la izquierda se ofuscó y buscó una inútil y contraproducente vía violenta para intentar hacerse de nuevo con el poder, lo que se consiguió, en cambio, por la vía democrática en las elecciones de febrero de 1936. Entonces se repitió, agravado, el error de 1931, a saber, no prever la enemiga de parte del país.

Que a la hora de escribir un artículo es necesario recurrir a la simplificación, es sabido. Llama la atención que para ello se elija de nuevo el conjuro a unas izquierdas y unas derechas paradigmáticas, en las que cualquiera puede ver el contenido ideológico que le de la gana y apuntarse a uno u otro bando sin necesidad de reflexionar profundamente sobre quién era quién, qué pensaba y cuáles fueron las consecuencias de las acciones. Me parece lindante a la irresponsabilidad simplificar las tensiones internas de esas 'izquierdas', en las que embarcaban desde los republicanos hasta los anarquistas, diciendo que 'se ofuscó y buscó una inútil y contraproducente vía violenta para intentar hacerse de nuevo con el poder'. Es meter en el mismo saco las represiones de las fuerzas del estado bajo el gobierno del primer bienio, los alzamientos reprimidos violentamente en el 34 por un gabinete reaccionario, meter en el mismo laco los intereses de los anarquistas y los de los socialistas, qué decir de los del resto de partidos que participaron en el primer bienio, y de los que decidieron formar el Frente Popular… Es, a última hora, no reconocer que esa república que no pudo ser murió asfixiada por el tira y afloja de un país que no podía soportar la tensión social interna y una clase política sin la fuerza y los recursos para emprender medidas de una forma civilizada. Es perder el contexto, la visión del conjunto, sin la cuál no se puede emitir un juicio, una opinión ecuánime sobre esos acontecimientos, que queremos desactivar relegándolos a una dudosa memoria histórica pero que son determinantes para explicarnos a nosotros mismos tal y como somos hoy.

¿inocencia o razón? 3 Abril 2006

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De una entrevista con Jose Luis Sampedro, hoy en El País, cito:

P. La invasión de Irak es la que simboliza la barbarie de la que usted hace metáfora en la novela.

R. Ese hecho ha sido espectacular por la magnitud de la mentira y los extraordinarios efectos que esa mentira ha tenido. ¡Unos señores que planean poner una democracia en tres meses y que desde hace más de tres años no han hecho nada de nada! ¡Y la mentira de las armas! Pero no es más que la explosión de una enfermedad general. Que al señor Bush se le siga considerando respetable, que ningún gobierno de ningún país se atreva a decir que lo suyo es por lo menos un crimen de lesa humanidad…

P. Nadie ha perdido perdón, tampoco España, cuyo gobierno fue colaborador…

R. Tampoco han pedido aquí perdón por la dictadura; ni siquiera han reconocido que hubo una dictadura.

P. La novela también es un alegato contra la invasión cultural norteamericana.

R. Es más una crítica de la decadencia de la civilización europea. Yo reconozco que en Estados Unidos hacen cosas estupendas, pero no debe significar que los otros no hagan nada y lo acepten todo. Imponen tanto los Estados Unidos que incluso imponen que haya democracia en Oriente Próximo, y cuando en democracia gana Hamás exclaman: "¡Pero qué democracia es ésta!".

Supongo que a los que argumentan así (argumentamos) se les puede calificar de pesimistas (aparte de ilusos, inocentes o viejos carcamales). Pero, al mismo tiempo que el pesimismo, suscribo y llevo también a pluma propia y siempre, lo siguiente:

P. La novela trata también sobre el malestar democrático. ¿Cómo resolverlo?

R. La democracia está corrompida. Hay que reinventarla. Con la existencia de la informática muchas de las instituciones de la democracia resultan obsoletas.

P. ¿Y España en qué situación está?

R. En una situación deplorable.

P. ¿No hay zonas de optimismo?

R. En lo único que confío es en que la vida tiene mucha más inventiva que nosotros.

Lunes y semana nueva, primavera y Berlín. Tenemos buenas cartas.

¿todavía así? 25 Marzo 2006

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No puedo creer que las siguientes tesis:

No lo ve así Rémi Skoutelsky, que ha publicado hace poco Novedad en el frente. Las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil (Temas de Hoy), tras una exhaustiva investigación en los archivos soviéticos. “El Partido Comunista era muy débil en España en 1936. Tenía sólo algunos millares de militantes. Sin comparación con los anarquistas o los socialistas. Y a los dirigentes soviéticos les daba igual lo que pasara en España. Lo que les importaba era acercarse a las burguesías francesa e inglesa para protegerse de la Alemania nazi. Lo que les interesaba sobre todo era no espantarlas. Eso explica que la Unión Soviética esperara varias semanas después de que se produjera el golpe antes de decidirse a hacer algo. Y Moscú no quería ninguna revolución en Europa, y mucho menos que fuera anarquista”.

…sean objeto de noticia hoy en día. Cualquiera que haya leído un par de libros con un mínimo de solidez argumental y método científico puede encontar esta tesis (léanse, sin ir más lejos, los libros de Bernecker o Frank Borkenau). Libros que llevan décadas publicados.
No puedo creer que todavía haya gente que pueda conformarse con las explicaciones burdas del régimen:

La defensa de que un grupo de militares salvaron a España del caos de los extremistas y separatistas. La idea de que la guerra no empezó en julio de 1936 sino en octubre de 1934, cuando se produjo la huelga general revolucionaria de Asturias. La versión de que la intervención extranjera en el conflicto no tuvo importancia porque la ayuda a ambos bandos fue semejante, y sus recursos militares estuvieron equilibrados durante la contienda. La insistencia en el protagonismo absoluto de los comunistas en la conducción de la guerra, siguiendo instrucciones directas de Stalin…

El resto del artículo se pueder leer hoy en El País. Empieza echando cuentas. 2006. 70 años del inicio de la Guerra Civil. 31 desde que murió el dictador. Cuanto tiempo ha de pasar para que los españoles nos devolvamos nuestra historia.

…sag’ich doch! 14 Marzo 2006

Posted by zascandil chico in heridas abiertas, cabezas vacías.
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el Roto en El País, 2006.06.14